Acerca de la evaluación del aprendizaje

Irigoin

(María E. Irigoin, miembro del Foro de Educación Superior AEQUALIS).- La evaluación del aprendizaje ha pasado a ser considerada parte inherente a todo proceso educativo, cambio que ha estado acompañado de otros entre los cuales elegiré referirme en esta ocasión a algo relacionado con la conceptualización; los momentos de la evaluación; calidad, equidad e inclusión, y el Reconocimiento de los Aprendizajes Previos.

La evaluación del aprendizaje y la evaluación para el aprendizaje

La evaluación del aprendizaje ha estado tradicionalmente ligada a la etimología latina (valuare, “juzgar, asignarle valor a algo”), enriqueciéndose después el concepto con la capacidad de tomar decisiones para mejoramiento. Sin embargo, desde hace ya un buen tiempo se pasó a destacar también, e incluso enfatizar, el sentido del término inglés “to assess”, cuya etimología latina asserere o assirere significa “sentarse al lado de otro para ayudarlo”.

¿Y en cuanto a la relación de la evaluación con el aprendizaje? La evolución del tema muestra que toda evaluación del aprendizaje debiera ser, más bien, una evaluación para el aprendizaje pero se prefiere mantener la expresión tradicional de evaluación del aprendizaje con el fin de evitar confusiones con el Assessment for learning, establecido en la reforma educativa del año 1999 del Reino Unido como un enfoque y una práctica específica orientada por los cinco principios siguientes:  1.Provisión de retroalimentación efectiva a los estudiantes; 2. Involucramiento activo de los estudiantes en su propio aprendizaje; 3. Ajuste de la enseñanza  tomando en cuenta los resultados de la evaluación; 4.Reconocimiento de la influencia de la evaluación en la motivación y auto-estima de los estudiantes, que son dos factores que influyen en forma crítica en el aprendizaje; y 5. La necesidad de que los estudiantes sean capaces de autoevaluarse y entender la forma en que pueden mejorar” (The UK Assessment Reform Group, 1999). En todo caso, sobra decir que estos principios son un deber en toda buena evaluación del aprendizaje.

 

Siempre en el sentido de la conceptualización, parece justo destacar que la evaluación debe ser una herramienta para el mejoramiento y un proceso continuo e integral, dentro del cual cada acto evaluativo debiera ser una experiencia de aprendizaje (Alverno Institute) y una experiencia de empoderamiento de todos los involucrados (adaptando a los sujetos lo que David Fetterman y otros promueven para las organizaciones).

Los momentos de la evaluación

Los momentos de evaluación diagnóstica, formativa  y sumativa establecidos por Benjamin Bloom  y sus seguidores han sido por décadas de gran utilidad, aportando la necesidad de un diagnóstico al inicio de un proceso de Enseñanza y Aprendizaje (EyA), de evaluación durante el proceso (formativa) y de un juicio de valor final (sumativa), pero la experiencia y la investigación han mostrado que toda evaluación requiere ser diagnóstica, en el sentido de informar del estado de situación al estudiante y a su profesor, y que toda evaluación requiere ser formativa, en el sentido de tener la mejor capacidad posible de retroalimentación para el logro de los aprendizajes.

Por otra parte, para evaluar los aprendizajes de una carrera se constata ahora un uso generalizado de una clasificación semejante a los momentos de un proyecto: evaluación inicial, evaluación progresiva (con evaluaciones intermedias), evaluación final, y evaluación de impacto. Estimo que lejos de hacer desaparecer las nociones de evaluación diagnóstica, formativa y sumativa, esta clasificación las pone en valor, puesto que se requiere que todas las evaluaciones tengan el carácter de diagnósticas y formativas y que las evaluaciones final y de impacto respondan al sentido de la evaluación sumativa.

Respecto a la evaluación diagnóstica de Bloom, el diagnóstico inicial parece bien servido actualmente por la evaluación de entrada y la pre evaluación. Así, la palabra diagnóstico queda liberada para aplicarse a cualquier evaluación en cualquier momento.  Y algo semejante sucede con la evaluación formativa a la que si la independizamos de la presencia o ausencia de calificaciones, se convierte en un concepto de mayor alcance, que puede cubrir a la evaluación inicial y a toda otra evaluación que requiera una retroalimentación completa y cuidadosa para mejorar el aprendizaje.

Calidad, equidad e inclusión

Una evaluación debe ajustarse a criterios de calidad del diseño e implementación, con especial énfasis en las condiciones de realización del acto evaluativo y de la retroalimentación individual y colectiva para el mejoramiento. Y se espera que la evaluación del aprendizaje tenga cada vez mayor proximidad a la realidad. De aquí el valor de la “evaluación auténtica” que apelando a lo que es personal y colectivamente significativo para los estudiantes, busca desarrollarse en contextos reales o simulados, con visiones holísticas y el uso de procedimientos e instrumentos pertinentes y diversos.

En la relación profesor-estudiante, se necesita una alianza educacional con el estudiante, y una alianza entre los profesores, destacándose la búsqueda de equidad e inclusión para apoyar a los estudiantes que tengan mayores dificultades.  Quién o quiénes evalúa/n no es trivial. La autoevaluación es un desarrollo de la madurez del estudiante y la capacidad de autoevaluación interpares es una maduración y empoderamiento de todo el grupo. La evaluación externa es también necesaria, especialmente en los últimos años de carrera.

 

Evaluar bien es difícil. Jefrey Wiseman concluía en el III Congreso Latinoamericano de Educación de Médicos Residentes (LACRE, Santiago, mayo 2017): “Ningún programa de evaluación es perfecto; Ninguna herramienta de evaluación es perfecta; No todo lo que pueda ser medido cuenta; La gente puede llegar a diferentes conclusiones al interpretar una misma evidencia; Una evaluación puede ser útil en algunos contextos y no en otros”.

Los Reconocimientos de los Aprendizajes Previos (RAP)

 

En un marco de Aprendizaje a lo Largo de la Vida, se reconoce que un sujeto aprende en la familia, en las instituciones de educación formal y en las muchas oportunidades de aprendizaje que ofrecen el trabajo, otras instituciones de la vida social y la vida en general.

Edith Kirsch señala que la instancia que debe hacer el reconocimiento debe garantizar “que la evaluación es confiable y válida y que lo que se ha constatado es a la vez generalizable y reproducible en situaciones similares”. Y para ello es preciso “exhibir y estabilizar los objetivos a alcanzar; estructurar las observaciones de los evaluadores; y guiar al candidato en la formalización de lo que puede decir de su propia experiencia”.  Junto con esto, destacamos la delicada observación de Catherine Bernard: respecto a los RAP: “no se juzga las capacidades de adultos que ejercen o hayan ejercido durante varios años una actividad profesional sin tomar en cuenta la densidad humana de esos candidatos…”

¿De qué sirve tratar de asegurar la calidad si no somos capaces de evaluar periódicamente las evaluaciones que hacemos?

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>