El desafío de la Investigación en Chile

Iván Suazo

(Dr. Iván Suazo, PhD, Vicerrector Investigación y Postgrado U. Autónoma de Chile).- El modelo que ha permitido el desarrollo de la investigación en Chile encierra una paradoja, por una parte exhibe importantes indicadores de productividad científica, ocupando una posición principal dentro de américa latina mientras la inversión llega a un 0,38% del PIB.

¿Es Chile un ejemplo de eficiencia en investigación que deberían imitar países de la región?

La respuesta es compleja y requiere un abordaje multidimensional.

Nos referiremos a dos de los factores que influyen, a nuestro juicio, en esta paradoja:

El diseño del modelo: en Chile, como en la mayor parte del mundo los investigadores acceden de manera competitiva a fondos para financiar sus proyectos. A su vez, la adjudicación de ciertos proyectos competitivos (FONDECYT, FONDEF, FONIS y otros) constituyen indicadores institucionales que permiten comparar instituciones y también son considerados en los procesos de acreditación institucional y en diversas formas de cálculo del financiamiento de las instituciones.

Por otra parte, el modelo fomenta un tipo de productividad, que se expresa en publicaciones indexadas en WoS (Web of Science) y SCOPUS, principalmente. De esta forma las instituciones promueven la generación, por parte de sus investigadores, de determinados productos que impactan en los indicadores institucionales. Este modelo origina múltiples distorsiones, primero, una subestimación del valor de las ciencias sociales, las artes y humanidades. Segundo porque el sistema se vuelve cada vez más homogéneo y tercero porque se instala una cultura de competencia individual y entre instituciones que nos hace ver con desconfianza la colaboración.

La precarización de los investigadores: hace algunos años Chile emprendió una ambiciosa política pública que permitió que miles de jóvenes realizaran estudios de postgrado en Chile y en el extranjero. En su Web institucional, Becas Chile indica que su finalidad es insertar a nuestro país en la sociedad del conocimiento y dar, así, un impulso definitivo al desarrollo económico, social y cultural. El objetivo era claro, Chile requería formar doctores para alcanzar el desarrollo.

A nueve años de la creación de Becas Chile, ya son al menos tres las generaciones de doctores que han retornado al país para cumplir con la retribución comprometida. ¿Cuál es el escenario que han encontrado? En general el sistema universitario no ha tenido posibilidad de insertarlos.

Una situación parecida es la que viven los doctores formados en Chile.

Quizás un error común a la hora de analizar y proponer soluciones en este ámbito es que seguimos visualizando a las universidades como únicos centros de investigación, dejando de lado al mundo privado y al Estado. En Chile se estima que el mundo privado no académico absorbe sólo el 9.8 y el Estado el 4.7% de los doctores. Si bien se está haciendo esfuerzos para incorporarlos al mundo privado, ya sea por iniciativas PAI y CORFO, los números siguen siendo muy bajos. ¿Será que seguimos pensando en los rankings internacionales de publicaciones y citas como únicos indicadores de nuestra productividad científica? ¿Por qué nos ha costado tanto aprender de países desarrollados donde el trabajo científico y el desarrollo van de la mano? ¿Será que seguimos considerando a un doctor en la empresa como un gasto y no una inversión?

Pero no todas son malas noticias: distintas universidades han hecho un esfuerzo por aumentar la incorporación de doctores jóvenes a sus plantas, en particular la Universidad Autónoma ha creado el programa llamado “Teaching in Chile”, que ha incorporado jóvenes talentos, pero no bastarán las iniciativas individuales, la magnitud del problema requiere la participación de todo el sistema universitario.

El Estado por su parte, mediante el Programa de Atracción e Inserción de Capital Humano Avanzado (PAI), ha invertido en promover la incorporación de nuevos investigadores a los planteles académicos, el cual, para el año 2018, financiará la incorporación de 62 nuevos investigadores a los planteles.  No obstante estos esfuerzos, si el sistema no se reestructura, el grueso de los futuros doctores no podrá insertarse en las Universidades. A esta complejización del escenario nacional para los investigadores se suma que la estructura de adjudicación de fondos FONDECYT no ha evolucionado a la par con las demandas de la sociedad. Por ejemplo, el concurso de postdoctorado sigue evaluando a sus postulantes mediante el número de artículos publicados en revistas indexadas en los últimos 5 años. Esto deja completamente fuera a cualquier otra actividad que pueda haber desarrollado el postulante, como divulgación científica a través de EXPLORA, lo cual no hace más que contribuir a la permanente desconexión que existe entre nuestra comunidad científica nacional y el resto de la población, traduciéndose en un desconocimiento global del impacto del trabajo científico en el desarrollo de Chile y una falta de empatía hacia las demandas de la comunidad científica en materia de mejoras presupuestarias y laborales.

Es probable que la solución a este tema pase más por un tema estructural que de recursos. Si queremos aprovechar nuestros doctores y potenciar nuestras universidades como centros de investigación de excelencia es indispensable que se incremente de forma sustantiva el porcentaje de académicos con el grado de doctor que conforman los planteles, el cual llama la atención hoy por corresponder a menos de la mitad. Por otro lado, necesitamos de una política más fuerte que incentive de manera importante y sostenida la incorporación de doctores en el mundo privado, de forma de darle más valor agregado a nuestros productos y convertirnos en referentes de innovación y no sólo limitarnos a adaptar localmente experiencias internacionales. El papel de los científicos en el aparataje del Estado por su parte no puede limitarse sólo a ciertos escalafones y centros de investigación en los ministerios, sino que debería ser de influencia directa en la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas. Invertimos muchísimo en formar doctores pero los números indican que con el plan de financiamiento actual no tendrán ni los fondos ni la infraestructura para desarrollarse como investigadores en el futuro. Si consideramos además los cortes presupuestarios anunciados en CyT para el año 2018, el panorama es desalentador y a todas luces este modelo no es sustentable ni sostenible en el tiempo y en algún momento tendrá que reventar. ¿Cuántas generaciones de doctores tendremos que sacrificar antes de hacer un cambio estructural importante en la forma que Chile hace y piensa su desarrollo científico?

En resumen, la aparente eficiencia del modelo chileno se sustenta en una sobreestimación de los productos de investigación (que algunos han llamado la ISIficación de la actividad científica) y por otra parte a la creciente precarización de los investigadores, esta forma de desarrollo no parece sustentable y nos obliga a plantearnos el modelo que Chile requiere, más aún, ahora que se discute la creación de un Ministerio de Ciencia y tecnología.

Fuentes:

Gonzalez y Jiménez. Inserción Laboral de Nuevos Investigadores con Grado de Doctor en Chile. Journal of Technology Management and Innovation. Vol 9(4).2014.

Main Science and Technology Indicators, OECD.

Latin America University Rankings 2017.

Principales Resultados Proyecto CDH, Año de Referencia 2014. Encuesta Trayectoria de Profesionales con Grado de Doctor Residentes en Chile, Abril 2016. Ministerio de Economía, Fomento y Turismo.

CONICYT, Becas para estudios de postgrado en Chile y el extranjero, Gestión. 2017.

6- González, Brunner y Salmi. Comparación internacional de remuneraciones académicas: un estudio exploratorio. Calidad en la educación. No 39. 2013.

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