La educación técnico profesional hoy en Chile

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(Ricardo Paredes, Rector, Duoc UC).- El panorama de la educación técnico profesional (TP) en Chile de hoy no se puede representar con una foto; los cambios son permanentes y los desafíos, tanto o mayores de los que hemos experimentados en la última década. Ya no sólo se trata de la significativa participación que alcanza la matrícula TP en los niveles medio y superior, lo que se ha dado por el potencial que a ésta se le ve de satisfacer aspiraciones de desarrollo económico y social. El salto en la educación superior TP obedece a una enorme transformación experimentada por la sociedad, las necesidades productivas del país y también por la política pública. 

En el nivel superior, hoy contamos con una matrícula de inicio que supera la universitaria y con titulados que, desde el 2015 también los superan en número. Mirar la educación TP comparativamente a la universitaria es clave, pues ambas son parte de un mismo sistema. En efecto, el financiamiento que favoreció absolutamente el camino universitario hasta el año 2001, cuando no existía para la TP, es solo un ejemplo del sesgo de política pública que se ha reducido, pero está lejos de desaparecer. Más importante, buenos técnicos y profesionales no universitarios, aumentan la productividad de los universitarios.

La recomposición que experimentó la educación superior hacia los TP desde que en el 2006 se masificó el crédito para los estudiantes del sector, también responde a otros factores, incluyendo el aumento de infraestructura educativa. Y aunque la cobertura es un logro notable, la educación superior en general, y la TP en particular, mantienen enormes desafíos respecto de la calidad.

Si bien hoy la mayoría de los alumnos de educación superior TP asisten a instituciones bien acreditadas, una gran cantidad de instituciones, fundamentalmente pequeñas, carecen de acreditación. También en las instituciones de mayor acreditación hay desafíos que sólo en parte dicen relación con la calidad. En ellas, más de la mitad de los alumnos trabajan y estudian y una alta proporción lo hace jornada completa. Estos alumnos están concentrados en las jornadas vespertinas, que son las que observan mayor deserción y fracaso. Es que sostener un ritmo de estudio, con una jornada laboral completa y a una familia, requiere de mucho esfuerzo, el que por la falta de apoyo financiero estatal, se hace más grande. Así, la deserción es especialmente alta entre alumnos vespertinos, pero mucho más entre quienes no reciben financiamiento. El financiamiento público, particularmente en la forma de crédito, es un factor que reduce la deserción en forma significativa.

Pero posiblemente el desafío más grande del sector TP a nivel superior, está en la necesidad de lograr una mayor articulación con la enseñanza media TP. En este último nivel, sobre el 40% de los alumnos asisten a liceos TP, muchos de ellos con el objetivo de trabajar directamente, pero crecientemente, con el objetivo de proseguir la educación superior. Y ahí, en la educación superior, no tienen el éxito esperable. Muchos, van a la universidad donde observan altísimas tasas de deserción y fracaso. Crecientemente, una mayoría asiste a instituciones TP, donde los resultados son mixtos. Aquellos que provienen de liceos técnicos que entregan especialidades relacionadas con la que toman en superior, les va mejor. Los que toman especialidades no relacionadas, les va sustancialmente peor.

Los desafíos de articulación pasan por darle mayores opciones a los estudiantes de media y eso requiere el concurso de las instituciones de educación superior, que tienen talleres y laboratorios para una gama amplia de especialidades. Los pasos a seguir dicen, nuevamente, relación con la política pública en cuanto a flexibilizar las horas no lectivas y a financiar infraestructura.

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