La gratuidad en los CFT-IP y sus desafíos

Rector Enac

(Jorge Menéndez Gallegos, Rector CFT ENAC).- Nos encontramos en el segundo año después de la entrada en vigencia de la política de gratuidad para la educación superior técnica, y al fragor de ello, es posible hacer algunas reflexiones que quisiera compartir abiertamente. Eso sí, vale la pena aclarar que esta política de financiamiento por gratuidad ha operado por glosa presupuestaria, pero que se ampara dentro de la actual Ley de Educación Superior ya promulgada y en implementación inicial a principios de este año, cuyas complejidades y desafíos superan por lejos el solo aspecto del financiamiento.

“Ley de Educación Superior”, entre comillas, dado que es primera vez que se usa ese concepto amplio e inclusivo, que reconoce la existencia de instituciones diferentes a las universidades: los Centros de Formación Técnica (CFT) e Institutos Profesionales (IP). No hay que olvidar que la última gran reforma fue, precisamente, la Reforma Universitaria de finales de años sesenta y que de paso lapidó un periodo de más de cien años de desarrollo de la educación técnica en Chile. Me refiero a aquel periodo que se inicia con la Escuela de Artes y Oficios en 1849 y su dinámica de desarrollo expresada en las escuelas de minas, agrícolas e industriales.

En fin, volvemos entonces, después de un largo periodo, a hablar sobre educación técnica. Pero con una diferencia notable: los CFT e IP representan el 45% de la matrícula de la Educación Superior, son instituciones respetadas y sus estudiantes ven en éstas una opción de habilitación laboral consistente con sus necesidades cotidianas de más corto alcance. Sí, hay que decirlo con todas sus letras, los alumnos de CFT e IP son “diferentes” a los universitarios: trabajan y estudian, tienen más hijos, son más adultos, tienen alguna experiencia laboral previa, muchos estudian en jornada vespertina y pertenecen a los segmentos socioeconómicos más bajos. Es decir, pertenecen a un ethos distinto y no disponen del ocio productivo para dedicar seis o siete años a los estudios de una carrera universitaria. Tienen otras historias de vida y otras urgencias, no son ni más malos ni más buenos que aquellos que estudian en las universidades, son sencillamente diferentes.

Dicho lo anterior, la implementación de la gratuidad ha tenido un impacto contradictorio y que todavía no llega a los segmentos sociales donde tiene más asidero. Según los datos de la última encuesta CASEN, en los IP y CFT se concentra una mayor proporción de alumnos pertenecientes a los primeros siete deciles de ingreso autónomo (79,7%), en comparación a quienes estudian en las universidades (59,7%); pero la distribución de los recursos de la gratuidad en el año 2017 muestra una dinámica inversa, entregando solo el 25,4% de los fondos a los IP y CFT y el otro 74,6% a las universidades. Esto último, de acuerdo a un reciente informe entregado por la Contraloría General de la República.

En resumidas cuentas y hasta ahora, se ve una implementación poco consistente con la distribución del ingreso subyacente en las instituciones de educación superior. Por algo era que algunos proponían de manera muy lúcida iniciar esta política de financiamiento por el lado de los CFT e IP y bienvenida sea la propuesta de avanzar hasta el séptimo decil en este segmento para el año 2019. Sería de toda justicia social, pues tampoco hay que olvidar que la gratuidad partió un año antes en las universidades.

Efectos positivos

Desde la perspectiva más interna, y de acuerdo a la corta implementación experimentada, se puede decir que los efectos de la gratuidad han sido muy positivos y han impactado favorablemente en la permanencia de los alumnos. Hay que recordar que durante la discusión de esta política se pensaba que la gratuidad generaría un desincentivo al esfuerzo, que los alumnos estudiarían cualquier carrera y que los rendimientos académicos serían menores. Pero no, los datos disponibles demuestran que los alumnos con gratuidad desertan bastante menos y las instituciones han mejorado notablemente sus indicadores de permanencia (retención) de los alumnos de primer año. He tenido la oportunidad de conversar con varios alumnos que iniciaron sus estudios con gratuidad en el año 2017, pude ver en sus rostros la alegría que ello significa y sus expresiones siempre fueron de jugársela por la oportunidad que se les brindaba. A estos alumnos se les afirmó la vida con la gratuidad y sienten que es una opción que no pueden dejar pasar.

Por último, los efectos de más largo alcance de la gratuidad y que se derivan de la implementación de Ley de Educación Superior en su conjunto están por verse. Por lo pronto, es posible advertir una dualidad entre gratuidad y desarrollo de los IP y CFT, pues el financiamiento por gratuidad se aprecia insuficiente para atender la mayor complejidad institucional exigida por la Ley. Sin duda alguna que desarrollar las dimensiones de Vinculación con el Medio y la Innovación requerirá de financiamiento adicional al contemplado hasta ahora. En esto, la determinación de aranceles diferenciados por estadios de complejidad parece un horizonte apropiado, así como el financiamiento por medio de fondos complementarios a la docencia y la gestión institucional.

 

 

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